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Mostrando entradas de enero, 2013

Timidez

Un ruido en la ventana me despertó. Era un rasguear intermitente. Me levanté, abrí la ventana y lo vi.
-¿Qué haces? -pregunté enfadado por el abrupto despertar.
-Querrás decir: “¿Quién eres?”.
-Ya sé quién eres y me gustaría saber por qué me despiertas, desgraciado.
-Qué amable, eres realmente un tipo simpático, sobre todo cuando te diriges a desconocidos.
-Tú no eres un desconocido, eres un coñazo.
-¿Cómo que no soy un desconocido? ¿Acaso me has visto antes?
-Desde hace un par de meses no paro de verte, eres un coñazo, repito.
-Pues traté de pasar desapercibido, veo que ni para eso sirvo.
-Eres torpe, pero inevitable; vamos, entra, sé que tampoco me puedes evitar.
Y el gorrioncillo se arrebujó entre los pliegues de mi manta.

Pío pío

Pio, pio, pienso y rio pio, pio, en ti confío dulce amapola. Porque en ti veo que tú ya sabes que si me rio es por el frio que desafio, y solo fio mis tristes naves, pobres navíos, y pio y pio y amor no cabe y pio y pio en mi alma sola de caracola y pio y pio, yo a ti mi estío, tú a mi... tu a mí tú sola.

Máquina del tiempo (para Francisco Machuca)

La noche había sido perfecta. Eiliin había accedido al derribo tras dos meses de acoso por mi parte. Puede que suene mal pero, en cuestión de mujeres, yo manejo un vocabulario arcaico, casi prehistórico. A veces olvido que estamos en el 4075 d.C. y me dejo llevar por mis fantasías de arqueólogo y antropólogo “cum laude” en ambas especialidades. Y con la fórmula de desplazamiento temporal en mi poder, aún sin registrar. Hacen falta pruebas, lo sé, y sé que me lo recordarán. Así que soy mi propio conejillo de indias, desde que comencé los experimentos hará un año, no más. Eiliin me dijo que tuviera cuidado porque 'nunca se sabe', como ella dice que dice -no hay suficiente relación personal para que yo corrobore tal aseveración-. Pero aquella noche, la quinta de mis incursiones al pasado, había sido perfecta. En el cómputo temporal de su momento cósmico habían pasado dos meses; para mí habían sido cinco 'desplazamientos temporales' sin consecuencias, vertiginosos cada uno…

Un gorrión extraviado

Un breve y sordo piar, un chapoteo un mudo mirar un miedo eterno y unas plumas que temblaban hendieron la piedad en sus costillas y brotaron la lástima y las lágrimas en la mujer mayor que no quería poner en juego una vez más su frágil calma. Mas la piedad de nuevo palpitó en su pecho que cien o mil pasiones despecharon y tendió su mano y apoyó su palma sobre unas plumas caladas hasta el alma.

Gorrioncillo afortunado

La queja muda de un pajarillo que en su último aliento echó el alma una tarde fresca frente a un mar.
Un oído atento no del todo supo intuir su pajaril gorgoteo y ya no cupo duda vana o devaneo.
Hoy el avecilla trina saludando los amaneceres y en su trino rescatado adivino un milagro de vida, de vida sustraída a los anocheceres, al frío impío de un mar indelicado, al hambre de un cielo nunca sembrado a la soledad sonora de cantos derrotados.
Hoy solo cantos de alegría nueva del gorrioncillo que supo superar su prueba.

Mitos

¿Por qué sobreviven ciertas obras de arte y otras no? Para entendernos, por 'sobrevivir' entiendo la permanencia a lo largo de los años de una obra, siendo siempre considerada como algo excepcional. Por 'obra de arte' entiendo cualquier consecuencia o consecuencias de una empresa humana que haga flaquear las rodillas de quienes las miran con independencia del fin para el que tales obras se concibieron y ejecutaron. Como soy medio sordo, algo cegato, las manos apenas me sirven para encontrarme la polla cuando necesito mear, el olfato para no ir pisando mierdas en la calle y el gusto es mío, me ceñiré a la literatura, arte donde no me despisto del todo.
Pensemos en 'Frankenstein' de Mary Shelley. La moza tenía diecinueve abriles cuando lo escribió. ¿Es un libro muy leído? No. Lo más probable es que poca gente sepa que es un libro y recuerde más bien alguna de las muchas películas que se han rodado sobre el personaje creado por Mary Shelley. Lo asombroso del person…

Un gorrión que se moría de frío

Un piar de miedo y frío reclamó a mi madre tu calamidad pequeña cosita que casi moría y 'mío' sintió ella que era tu piar. Sobre miedo y frío fue tu valentía tu llamar sereno sin desesperar y el premio por no ceder al miedo fue un trozo de cielo a la vera del mar.