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Mostrando entradas de noviembre 27, 2010

Zapatero a tus zapatos

Ser fiel a uno mismo, el cinismo como declaración de principios, es a lo que se apela cuando los desmanes de ese cinismo se hacen evidentes y a uno se le ve el plumero. ¿Qué es eso de ser fiel a uno mismo? ¿Qué es, si me apuran, ser fiel? La fidelidad es un valor de capa caída, casi un diplodocus de los valores. Ser fiel, ¿qué es eso? Muchos se rasgan las vestiduras deportivas cuando el ídolo de fútbol local acude al reclamo de más provechosas oportunidades deportivas y pecuniarias, pero se le perdona cuando, al final de su carrera, regresa manso al corral donde se crió por el mismo dinero que le ofrecieron en sus inicios. La fidelidad es veleidosa y aprovechada. En política no digamos, pero no por parte de los políticos sino de los ciudadanos, que creen -les han hecho creer- que su voto ha de ser perpetuo para un mismo partido, haga este lo que haga, en lugar de flotante y expectante de las maniobras de unos y otros para finalmente decidirse y decidir entre todos cómo premiar o casti…

La mirada

La miré a los ojos y vi mi derrota. Eran ojos de diosa que usurpa los destinos de gentes que deambulan, como yo, en busca de sí mismos, ojos que nunca ceden a la tregua de un parpadeo. Yo no era diferente de los demás decapitados, que jugaron con ella en busca de la fama, del oro y las lisonjas, del mísero clamor de una voz ahogada en las gargantas antes de nacer siquiera. No quise, no pude, no sé cómo lo hice, pero no aparté los míos; clavando en sus pupilas el odio del menosprecio, no, del menospreciado, porque era eso, siempre había sido eso, para mí y para los demás decapitados. Nunca antes, no importa el tiempo ni el lugar, encontré otra mirada como la suya, tal vez la dejé ir, o no me importó, o sencillamente nunca existió. Ahora no sé nada, escribo con barro sobre una tablilla esperando el final del final en una celda oscura que comparto con las ratas, invoco recuerdos que me son vedados, la locura acabaría por determinar mi suerte, ese era todo mi consuelo. Aquellos ojos perpe…