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Mostrando entradas de mayo 3, 2010

Desayuno sin diamantes

Los sueños chungos es lo que tienen, que te amargan los días sin una causa aparente, así por las buenas; tal vez como castigo del subconsciente, que erigiéndose en juez supremo de tu vida, te los impone como pena por algún pecado del que no guardas memoria. Mis sueños más castigadores siempre han tenido en común la presencia de mi hermano Maximilian. Si en mi infancia fue una pesadilla para mí, eso que me estaba haciendo en la madurez (poco madura, en opinión de mis psiquiatras) no tenía nombre, porque 'pesadilla' es un término que además de redundante se hubiera quedado corto. Max estaba amenazando con sus apariciones oníricas el precario equilibrio mental que a duras penas conservaba, y daba alas a las descabelladas teorías de los médicos que me trataban acerca de un impulso reprimido de exterminio que supuestamente albergaba yo sobre la figura de Max, impulso que afianzaba sus argumentos para mantener mi reclusión con carácter indefinido aferrándose a un pálido principio d…