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Mostrando entradas de septiembre 3, 2008

Paladares

Las moscas prefieren una buena mierda a un suculento solomillo. Sobre gustos, ya se sabe, y sobre todo si hablamos de otras especies. Excepto, tal vez, el oso hormiguero, los animales y las personas pueden cambiar su paladar, incluso educarlo. Esto último no sé lo que es o en qué consiste, pero el verbo denota una posibilidad de mejoría, es de suponer, o tal vez no, porque es un verbo ambiguo. Educar a veces se confunde con adoptar unos hábitos que están de moda, y eso no implica necesariamente una mejoría, incluso puede suponer una franca desmejoría. En cualquier caso, cambiar el paladar puede ser una consecuencia de circunstancias que implican cambios en los hábitos de vida. Si uno se va a vivir a Laponia, es imprescindible que no sea alérgico a la carne de foca, o de reno. Los extraterrestres disponemos de una ventaja cualitativa: comemos lo haga falta, nuestro paladar es galáctico. Yo, por ejemplo, con un chocolate con churros para desyunar, una ensalada y un entrecot al mediodía …

Otro sonetone

Me abandonaste una tarde cualquieraUna tarde dorada de Setiembre,Sabiendo yo que era para siempre,Fingiendo tú que por sólo un tiempo era.Nunca he tenido fe en el “para siempre”,Ni en el “hasta pronto” lo tuve siquiera.Qué poca fe di a tu “un día cualquieraVolveré” esa tarde de setiembre.Ahogo hoy mi pena entre limones,Desde aquella tarde mal herido, Aunque suene mal por “mal de amores”Mis mandarinas me dictan mi conducta,Si no he de ser tu bien queridoTe querré como si fueses mi difunta.